24 de enero

Ya estamos a 25, el día 24 ya se ha marchado y de lo que más se ha hablado en este día tanto en tertulias radiofónicas como en distintas redes sociales en internet- además de algunas declaraciones de nuestros políticos sobre las consecuencias de la reforma laboral o esos datos contundentes ofrecidos sobre el desempleo del pasado año 2012- son por una parte, la cagada del periódico El País poniendo tanto en su edición online como en la escrita una foto de un hombre intubado, dando a entender que se trata de Hugo Chávez y por otra, todo el rollo que ha generado la famosa portada de Marca en el que supuestamente los jugadores del club blanco daban el ultimátum a su presidente para que obligarle a elegir entre Mourinho y ellos.

Leyendo esta editorial de hoy del diario de Prisa me encuentro en la tesitura de pensar de que la responsabilidad final de publicar algo es del medio en sí, del periodista, de la firma editorial, del director o de quien firma la noticia, pero no del que divulga una foto por la red sin que diga nada de quién es o relativice de alguna manera sobre ello. ¿A qué jugamos? Parece que a la agencia gráfica Gtres Online también se la han colado y El País le pasa la pelota a ellos. Y esta agencia también revela que emprederá acciones legales contra la fuente que le otorgó la foto como real. Por esa regla de tres no existe responsabilidad por ninguna de las partes, vivimos en los mundos de Walt Disney y nadie tendría seriedad a la hora de hacer su trabajo ni de divulgar información, que es de lo que en realidad se trata.  Recomendable leer este artículo de Facu Díaz sobre el asunto.

Sobre el caótico mundo del periodismo deportivo, los entornos mediáticos y toda la parafernalia que la rodea se ha llevado a traspasar la línea de lo que es permisible si nos ponemos del lado del socio de un determinado club, del que sea. Está claro-y es una obviedad el decirlo- que la prensa tiene que vender por encima de todo, que parece que todo vale a la hora de llevar una línea editorial al extremo y que del otro lado, una institución tiene que salir al paso, si así deciden que se traspasa lo ético, moral o entendible. ¿Cómo nos afecta eso al resto de mortales? Pues de lujo, hay que verlo como una serie ideada por el bueno de David Lynch y disfrutar mientras se pueda. Que nos quiten lo “bailao”, enfangarse en la mierda, salir airoso, mientras se lee a través de twitter y siempre conectado a radio y televisión cómo unos y otros se matan, como decía aquella bulería de Camarón, con “pistolas y cuchillos”.

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