Los políticos y los que toman decisiones nunca tienen la culpa

Todavía se puede escuchar y leer a determinados periodistas o contertulios determinar que muchos han o hemos vivido por encima de sus posibilidades, que nadie ha obligado a firmar los contratos de hipoteca y que esta retahíla de desahucios podía ser viable si las cosas no iban bien. Pero alguien con dos dedos de frente no se da cuenta de que todos estos discursos caen por su propio peso cuando leemos editoriales y noticias sobre la actualidad en materia de política española. Mucho sinvergüenza, por todos lados, en todas los rincones y surgen tantos como moscas rondan la mierda. Ignacio González y su ático de 770.000€, Bárcenas con cuatro cuentas en Suiza con al menos 22 millones de €, una diputada del PP registrando el grupo de EU y una lista de políticos corruptos que han pisado la cárcel por meter la mano dentro de las arcas públicas o la lista más grande aún de políticos imputados por casos de corrupción, que asusta a cualquiera. Pero hemos sido nosotros los que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades eh, que no se olviden.

Lo que no entiendo es cómo todavía seguimos haciendo caso y dando altavoz a según qué personajes, cuando ya sabemos todo que España está como está porque no nos hemos estructurado bien desde el punto de vista educacional. Me imagino que todo cambiará, pero cuando eso ocurra será porque nuestra base educacional también lo haga y eso pasará tiempo, mucho tiempo. Todo lo que estamos viviendo hoy día es más bien un cúmulo de despropósitos que hemos llevado desde hace mucho. Con la cantidad de mangantes y lo mal que hemos vivido y administrado nuestros recursos, ahora toca pasar por esto, encima rodeados de un ambiente falso, unas estructuras jerárquicas que mandan interesadamente–si no, fijémonos en cómo actua el BCE, el FMI, sus medidas de austeridad, los contagios por zonas, las empresas de rating, que no sólo evalúan, también están implicados y operan en los mercados, las expectativas a corto y largo plazo–.

Y la hipocresía de los partidos políticos, donde en un pasado todo era malo, ahora todo es bueno y viceversa. Lo bueno, es que la peña ya se está dando cuenta de ello; lo malo, que puede que sea tarde y que siempre tiene que pasar algo gordo para que se invierta la situación. ¿Lo gordo? Esta crisis unida a una corrupción altísima. ¿El precio a pagar? Todo el del mundo.

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